Leon Trotsky

"Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor."



4/6/09

LLAMAMIENTO DEL PARTIDO OBRERO A LA UNIVERSIDAD ARGENTINA

La Universidad no puede permanecer indiferente ante las próximas elecciones del 28 de junio.

La bancarrota económica del capitalismo y la crisis del régimen político en Argentina plantean para todas las clases sociales una transición histórica y política, que exige una toma de posición de los mujeres y hombres progresistas y revolucionarios de la Universidad.

El futuro de la Universidad estará determinado por el rumbo que adopte esta transición política: o el rescate del capital a costa de una destrucción de las fuerzas productivas y a costa de los trabajadores, o la expropiación de ese capital en función de un desarrollo social bajo la dirección de los verdaderos productores manuales e intelectuales de la riqueza social.

En nuestro país y en América Latina, los últimos años han ofrecido una nueva oportunidad al nacionalismo burgués – que ha usufructuado enormes movilizaciones de masas e incluso insurrecciones. El balance de esta experiencia es concluyente: el nacionalismo burgués no ha sido capaz, otra vez, de transformar socialmente a nuestros países; se ha agotado en una experiencia limitada de ‘boom’ de exportaciones de materias primas; ha jugado en esencia un rol conservador del orden existente (amenazado por la insurgencia popular); y hoy es presa de la bancarrota capitalista.

En los últimos seis años, el “modelo nacional y popular” de Argentina ha dejado a la Universidad Pública en un estado peor aún que el de la década menemista. Un presupuesto miserable, una deserción que afecta a decenas de miles de jóvenes, edificios destruidos y aulas superpobladas, docentes que cobran salarios de miseria y hacen todo lo que está a su alcance para continuar una tarea pedagógica y de investigación precarias. La orientación social de conjunto de la Universidad sigue siendo privatista: porque, por un lado, se orienta a funcionar como una contratista tercerizada del capital financiero y porque, por otro lado, asiste a su propia desintegración para dar paso a una Universidad arancelizada y privada.

La crisis universitaria es una expresión acentuada del fracaso del gobierno que basó su estrategia en “reconstruir la burguesía nacional”. Precisamente por eso ha sido un período de saqueo de las finanzas públicas para beneficiar a la ‘patria capitalista’. Ahora, la bancarrota capitalista ha acentuado esta tendencia al parasitismo propia de una burguesía que se ‘capitaliza’ a costa del Estado. La ANSeS ha pasado a ser la caja de rescate del capital en crisis, incluido el rescate de pulpos como Mercedes Benz o General Motors y Aluar.

Mientras tanto, la educación y la Universidad se baten en un retroceso implacable. Es que la cultura y la investigación no pueden ir más allá de los límites históricos de la clase social dominante.

Bajo el alero del gobierno ‘nacional y popular’ ha prosperado una burguesía sojera que depende del capital financiero internacional para sus insumos y capital de trabajo; que depende de los monopolios de exportación; que depende del monocultivo destructor del medio ambiente; que depende de la superexplotación obrera; y que depende, por sobre todo, de la especulación de los fondos de inversión internacionales que han precipitado al capitalismo a la bancarrota. de todo en función del objetivo estratégico de “reconstruir a la burguesía nacional”. El choque entre el gobierno y la patronal sojera constituye, por eso mismo, el principio del fin de la disolución del régimen kirchnerista.

El fracaso del kichnerismo vuelve a mostrar la incapacidad de la burguesía nacional para desarrollar las fuerzas productivas e independizar a la nación. Luego de seis años de “modelo productivo” toda la clase capitalista vuelve a reclamar la devaluación del peso, como viene ocurriendo desde 1810. Pero la devaluación, como ya se ha visto repetidas veces, sirve para reducir los salarios y el gasto estatal, y para desvalorizar el ahorro de los trabajadores acumulados en la seguridad social.

El acuerdo con el FMI

La disgregación del kirchnerismo afecta a su oposición de derecha. Los Carrió, Prat Gay, De Narváez y Macri carecen de los recursos históricos y políticos para hacer frente con éxito a la bancarrota capitalista. El programa de esta derecha, dictado en parte por la Mesa de Enlace, como la devaluación de la moneda, pago de la deuda al Club de París y a los bonistas, acuerdo con el FMI, aumento generalizado de las tarifas, no es diferente a la que se propone desde las filas oficiales.

Esta salida implicará un mazazo sobre la Universidad: un ajuste del gasto para la salud, la educación, la vivienda, la cultura.

Los grandes monopolios, como Monsanto o Techint, tienen a la Universidad en su agenda. No porque quieran `invertir` en educación, como dicen los discursos, sino más bien lo contrario, es decir, transformar el presupuesto universitario en un subsidio indirecto al gran capital.

Las camarillas universitarias son las agentes burocráticas de las `reformas académicas` basadas en “prácticas profesionales” en empresas y por sobre todo en un ciclo de posgrados arancelados cuyos contenidos se limitan a las necesidades inmediatas de los monopolios. Se sigue al pie de la letra el libreto de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que propone a las empresas que deriven la formación de sus empleados en la Universidad. Así, la propia Universidad se transforma en el departamento de “recursos humanos” de los monopolios capitalistas.

Un paso adelante

La transición histórica y política del capitalismo y del régimen existente, encuentra al movimiento estudiantil universitario con una experiencia política acumulada.

El Argentinazo de diciembre del 2001 tuvo su expresión directa en el movimiento estudiantil, con la derrota implacable de Franja Morada y la recuperación de la Federación Universitaria de Buenos Aires, la principal federación del país, por parte de la izquierda que lucha. El kirchnerismo no logró, ni en sus mejores momentos, hacer pie en el estudiantado.

La independencia política conquistada por el movimiento estudiantil y por el sindicalismo docente tiene un alcance histórico. La oposición al gobierno que se reclama nacionalista, se ejerce desde la izquierda, no desde la derecha, desde un estudiantado solidario con la clase obrera, no desde la patria sojera. Esta oposición de izquierda y socialista al kirchnerismo es la que ha desarrollado el Partido Obrero en la Universidad y en el conjunto de la educación nacional.

Mientras la Universidad ha evolucionado por abajo hacia la izquierda, la cúpula universitaria de rectores y decanos ha acentuado su carácter de camarilla.

Necesitamos una revolución universitaria

Es necesario que tomemos partido en las elecciones del 28 de junio, del mismo lado que lo hacemos en la Universidad, porque la revolución universitaria solamente podrá consumarse como una lucha política de alcance nacional, junto a los trabajadores, o sea junto a la clase obrera que ocupa fábricas y empresas y reclama que la crisis la paguen los capitalistas. No a las salidas capitalistas es nuestra consigna, porque no serán realmente salidas y porque provocarán nuevas privaciones y nuevas frustraciones. La bancarrota capitalista clausura cualquier posibilidad progresista para el centroizquierdismo.

Como ha sucedido tantas veces en la historia de nuestro país, desde la Reforma del 18 hasta la fecha, el movimiento estudiantil tiene un lugar central: el de aliado directo de los trabajadores, que ahora luchan cada vez con fuerza contra los despidos, las suspensiones y para que la crisis la paguen los capitalistas.

Sólo liberando a la sociedad de las trabas del capital, la Universidad podrá encontrar su verdadero desarrollo, la superación de su alienación histórica – la división entre el trabajo intelectual y la práctica social transformadora.

Sobre la base de esta caracterización, llamamos al movimiento estudiantil y docente a votar por el Partido Obrero. La Universidad que busca su verdadero camino por la izquierda y por el socialismo debe aportar al recuento de fuerzas que la sociedad hará el 28 de junio próximo. Desde ese recuento iremos a nuevas batallas por la Cultura y la Educación. Para que la crisis la paguen los capitalistas y, por esta vía, marchar hacia la Unidad Socialista de América Latina.

Llamamos a la Universidad a pesar con toda su fuerza en las decisiones nacionales.



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